miércoles, 2 de agosto de 2017

Vida saludable, vida más larga

Una vida saludable aumenta la esperanza de vida
En varias entradas hemos ido comentando hábitos de vida saludable que mejoran nuestra salud y aumentan la esperanza de vida. Entre ellos están evitar los hábitos tóxicos (tabaco, alcohol, drogas), controlar el sobrepeso y llevar una alimentación adecuada (dieta mediterránea), así como realizar algún tipo de ejercicio adecuado a las circunstancias personales, pero de forma habitual.
En el siguiente artículo se confirma mediante un estudio riguroso en 14000 personas, que la combinación de tres factores saludables puede mejorar la esperanza de vida en 7 años y además con mayor calidad de vida. Vale la pena tenerlo en cuenta.





Llevar hábitos de vida saludables permite tener una esperanza de vida hasta 7 años mayor que la población general (Health Aff)
Elsevier28 jul 2017

El alcohol adelanta la muerte y la discapacidad.

Las personas que llevan hábitos de vida saludables y no fuman, no tienen obesidad y solo beben alcohol de forma moderada logran tener una esperanza de vida hasta siete años mayor que la población general, según los resultados de un estudio publicado en la revista "Health Affairs".

Además, el trabajo liderado por el Max Planck Institute for Demographic Research (Alemania) y la University of Michigan (Estados Unidos) también muestra que el seguimiento de unos hábitos saludables no solo permite tener una vida más larga, sino que esos años de más sean de mayor calidad.

Para su investigación los autores analizaron datos de más de 14.000 individuos de 50 a 89 años en Estados Unidos, y constataron que las personas que no habían fumado nunca ni tenían obesidad vivían entre 4 y 5 años más que la población general, y esa esperanza de vida adicional estaba libre de discapacidad.

Los resultados del análisis indicaron además que las personas que también consumían alcohol moderadamente vivían siete años más sin discapacidad que la población general y tenían una esperanza de vida total que superaba la de la población de Japón, el país donde están los ciudadanos más longevos.


"A menudo se cree que los avances en la tecnología sanitaria son claves para una vida más sana y larga, pero hemos demostrado que los hábitos de vida saludables, que no cuesta nada llevar, son suficientes para que la gente viva más y mejor", ha reconocido Mikko Myrskylä, uno de los principales investigadores de este trabajo.

Los autores aseguran que es el primer estudio que analiza el impacto acumulativo de varios hábitos clave de salud en la esperanza de vida, tanto la general como la libre de discapacidad. Aunque algunos trabajos previos han analizado determinados indicadores, en este caso examinaron diferentes hábitos de forma simultánea.

Los investigadores observaron que cada uno de los tres comportamientos poco saludables analizados -obesidad, tabaquismo y consumo de alcohol- estaba vinculado a una reducción en la esperanza de vida y a una aparición más precoz de discapacidades.

Pero también hubo diferencias, ya que el tabaquismo estaba asociado con un mayor riesgo de muerte precoz pero no con un aumento del número de años con discapacidad, como sucedía con la obesidad. En el consumo de alcohol, se reducían ambos factores, tanto la esperanza de vida como los años libres de enfermedad.

El hallazgo más sorprendente fue el descubrimiento de una gran diferencia en la esperanza de vida media entre los grupos que estaban más o menos expuestos a estos factores de riesgo. Así, los hombres que no tenían sobrepeso, no habían fumado nunca y bebían alcohol solo de forma moderada vivían unos 11 años más de media que quienes, por contra, presentaban sobrepeso y bebían y fumaban mucho. Y en el caso de las mujeres, la diferencia fue aún mayor, de hasta 12 años.

"El resultado más positivo es que el número de años de vida con limitaciones físicas no aumenta a medida que se cumplen años con un estilo de vida saludable (...) Los años que ganamos con hábitos de vida saludables son años de buena salud", según Myrskylä.

Los autores reconocen que sus hallazgos resaltan la importancia de la prevención y la promoción de la salud, no solo a nivel individual sino colectivo, ya que en una sociedad cada vez más envejecida la salud de los mayores determina el presupuesto sanitario.

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